суббота, 5 сентября 2015 г.

Indignación


Me siento avergonzado de estar vivo. Siento odio, como nunca lo había sentido en toda mi vida. Me repugna estar vivo porque pertenezco a la generación que hoy está armada y destruye el planeta, separando familias enteras condenándolas a la muerte. 

Más asco me provoca la indiferencia de aquellos que en su comodidad justifican esta situación. Aquellos que se alegran con cada bomba que cae sobre la población, esas ratas malnacidas que usan los conflictos como modena política de cambio. 

Siento tanto desprecio por los que hoy están vivos con armas en manos en todo el mundo. Siento asco y odio hacia la pasividad de aquellos que no están armados pero que apoyan directa e indirectamente el asesinato de los niños y la limpieza étnica de diversos pueblos. Los niños deberían vivir y los asesinos deberían morir. 

Me da vergüenza estar vivo y tener que vivir en este mundo con los mismos que matan, empezando desde los ejecutores de la política guerrerista sean del país que sean hasta sus autores intelectuales que se encuentran en el FMI, la Casa Blanca, el Banco Mundial, la UE y todo organismo que dicta al mundo pobre cómo debe vivir . 

La foto del niño sirio en la playa me ha hecho pasar del dolor al odio. Nunca lo había experimentado así. Creo que ya no voy a perdonar nunca más ni la más mínima expresión de justificación de la barbarie. Si la humanidad es esto, si la civilización es este mundo en el que unos viven bien gracias a que otros viven mal, entonces odio a la humanidad y a la civilización con toda mi alma.

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